¿QUE DICE LA BIBLIA?...



Hebreos 1:1-4 — “Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de su Gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las Alturas, siendo mucho mejor que los ángeles, por cuanto ha heredado un nombre más excelente que ellos.”

febrero 07, 2026

El Deseo Según la Biblia: Cómo Dios Redime y Ordena el Corazón Humano

El deseo gobierna más decisiones de las que estamos dispuestos a admitir. Antes de pensar, ya estamos deseando; antes de obedecer, ya estamos actuando. La Biblia NO presenta el deseo como el enemigo del alma, sino como una fuerza profunda que revela hacia dónde se inclina el corazón humano.

¿Qué dice la Biblia sobre el deseo humano?

El Deseo y la Biblia
La Biblia enseña que el deseo humano fue creado por Dios como algo bueno, pero que fue distorsionado por el pecado y necesita ser redimido. El deseo no es el enemigo del alma, sino una fuerza interior que revela hacia dónde se inclina el corazón. Cuando el deseo se orienta lejos de Dios, produce esclavitud; cuando es restaurado por Cristo, conduce a una vida plena y ordenada según el propósito divino.

Introducción: El Deseo Humano a la Luz de la Escritura

Muchas personas, cristianas o no cristianas, luchan diariamente con los anhelos y deseos del corazón. Algunos deseos tienen un origen bueno, pero otros son egoístas, malintencionados y pueden incluso dar lugar al odio y la venganza. La Biblia reconoce esta realidad cuando afirma que “del corazón salen los malos pensamientos” (Mateo 15:19, RVR60).

Por lo tanto, el deseo es una de las realidades más profundas del ser humano. Todo lo que buscamos, evitamos o amamos está impulsado por aquello que deseamos. La Escritura enseña que el deseo no es inherentemente malo; por el contrario, fue creado por Dios como parte esencial de nuestra humanidad, pues “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31, RVR60). El verdadero problema surge cuando el pecado desordena el deseo y lo aparta de su propósito original.


El ser humano es un ser que desea antes de pensar y ama antes de obedecer. Mucho antes de que tomemos decisiones morales, ya hay algo en nuestro interior inclinándose, buscando y anhelando, muchas veces sin considerar las consecuencias. La Biblia describe esta dinámica al decir que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Santiago 1:14, RVR60).

La Escritura no ignora esta realidad. Al contrario, la toma tan en serio que no comienza corrigiendo conductas externas, sino examinando el corazón. Dios mismo declara:
“Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7, RVR60).
Por esta razón, el problema del ser humano nunca ha sido simplemente lo que hace, sino lo que desea, pues “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23, RVR60).

Comprender el deseo según la Biblia no es solo un ejercicio teológico; es una clave para entender por qué amamos lo que amamos, por qué luchamos lo que luchamos y por qué incluso nuestras mejores intenciones a veces nos entristecen, nos confunden y hasta hace que pensemos que todo fue inútil e innecesario. 
La Escritura afirma que “el Seol y el Abadón nunca se sacian; así los ojos del hombre nunca están satisfechos” (Proverbios 27:20, RVR60).
Entender qué dice la Biblia sobre el deseo humano es esencial para una vida cristiana madura. Dios no solo confronta nuestras acciones externas, sino que trabaja en lo más profundo del ser: el corazón y sus afectos. Por eso, Él promete una obra interior: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros” (Ezequiel 36:26, RVR60).

En este articulo veremos cómo el deseo fue creado por Dios, cómo fue distorsionado por el pecado y cómo es redimido y restaurado en Cristo, quien afirmó: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34, RVR60), y por medio de quien Dios obra en nosotros “así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13, RVR60).


1. El Deseo en la Creación: Un Don Diseñado por Dios

Desde el principio, el deseo formó parte del diseño bueno de Dios. Génesis declara que todo lo que Dios creó era “bueno en gran manera” (Génesis 1:31), y esto incluye la vida interior del ser humano. El deseo no fue creado para alejarnos de Dios, sino para orientarnos hacia Él.

En el estado original, el deseo impulsaba al ser humano a buscar comunión con su Creador y a disfrutar de la creación como reflejo de Su gloria (Génesis 2:9). El corazón humano fue creado con una inclinación natural hacia Dios, una sed espiritual que solo Él puede satisfacer.

La Escritura expresa este anhelo con un lenguaje profundamente relacional:

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Salmo 42:1–2).

El deseo, en su forma original, no competía con Dios; encontraba en Él su mayor gozo.

Textos bíblicos clave:

  • Génesis 1:31

  • Salmo 42:1–2

  • Salmo 37:4


2. La Distorsión del Deseo: El Pecado 

El pecado no eliminó la capacidad de desear, pero sí la desvió. En Génesis 3 vemos cómo el deseo se desvía de Dios hacia la creación misma. Eva observó que el fruto era “agradable a los ojos y deseable para alcanzar sabiduría” (Génesis 3:6). El problema no fue el deseo, sino su objeto y su orientación.

A partir de la caída, el ser humano comienza a amar lo creado más que al Creador. El apóstol Pablo describe este intercambio como una marca central del pecado:

Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1:25).

Cuando el deseo se separa de Dios, se convierte en concupiscencia y esclavitud espiritual. Santiago afirma que el pecado nace cuando el deseo desordenado atrae y seduce al corazón humano (Santiago 1:14).

Textos bíblicos clave:

  • Génesis 3:6

  • Romanos 1:24–25

  • Santiago 1:14


3. El Deseo Humano como Campo de Batalla Espiritual

Que dice la Biblia
La Biblia presenta el deseo como un verdadero campo de batalla espiritual. El creyente vive una tensión constante entre los deseos de la carne y la obra del Espíritu Santo. El apóstol Pablo describe esta lucha interna como una realidad presente incluso en la vida cristiana (Romanos 7:18–23).

Los deseos desordenados no solo conducen al pecado externo, sino que buscan ocupar el lugar que solo Dios debe tener en el corazón. Por esta razón, la Escritura exhorta:

“Absteneos de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 Pedro 2:11).

La madurez cristiana no consiste únicamente en controlar comportamientos, sino en permitir que Dios transforme aquello que deseamos. Aprender a desear lo que agrada a Dios es parte esencial del crecimiento espiritual.

Textos bíblicos clave:

  • Gálatas 5:16–17

  • 1 Pedro 2:11

  • Romanos 7:18–23


4. Cristo y la Redención del Deseo: El Evangelio del Corazón

El evangelio anuncia que Dios no solo perdona el pecado, sino que redime el corazón humano. Jesucristo vivió como el hombre perfecto, con deseos plenamente alineados con la voluntad del Padre. Él mismo declaró:

“Mi comida es hacer la voluntad del que me envió” (Juan 4:34).

En la obra de Cristo, la redención alcanza los afectos más profundos del ser humano. Por medio del Espíritu Santo, Dios produce en nosotros tanto el querer como el hacer conforme a Su voluntad (Filipenses 2:13).

La redención no elimina el deseo, sino que lo restaura y lo ordena nuevamente hacia Dios. Caminar en el Espíritu significa vivir con deseos transformados y sometidos al señorío de Cristo.

Textos bíblicos clave:

  • Juan 4:34

  • Filipenses 2:13

  • Gálatas 5:16


5. La Esperanza Futura: El Deseo en la Nueva Creación

Aun redimido, el deseo humano sigue siendo incompleto en esta vida. La Escritura apunta hacia una esperanza futura donde todo anhelo legítimo será plenamente satisfecho en la presencia de Dios. En la nueva creación, no habrá más hambre ni sed espiritual (Apocalipsis 7:16).

Dios promete saciar definitivamente el deseo del corazón humano:

“Al sediento daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida” (Apocalipsis 21:6).

En la presencia de Dios, el deseo encontrará su cumplimiento final, y el gozo será pleno y eterno.

Textos bíblicos clave:

  • Apocalipsis 21:6

  • Apocalipsis 22:17

  • Salmo 16:11


6. Aplicación Práctica: Vivir con Deseos Redimidos Hoy

La vida cristiana no consiste en reprimir el deseo, sino en permitir que el Espíritu Santo lo purifique y lo dirija. Dios nos llama a renovar nuestra mente (Romanos 12:2) y a guardar el corazón, porque de él mana la vida (Proverbios 4:23).

Jesús enseñó que nuestros deseos revelan dónde está nuestro verdadero tesoro:

“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).

Examinar nuestros deseos a la luz de la Palabra "Pura e Inalterable" de Dios es un ejercicio espiritual esencial para una vida centrada en Dios.

Textos bíblicos clave:

  • Romanos 12:2

  • Proverbios 4:23

  • Mateo 6:21


Conclusión: Dios No Solo Perdona el Pecado, Redime el Deseo

Dios no se conforma con una obediencia superficial; su obra redentora toca lo más profundo de nuestra humanidad: el corazón y los deseos que moldean cada decisión. Cuando dejamos que Él restaure lo que anhelamos, nuestra vida deja de ser una lucha constante y se convierte en una respuesta plena a Su Gracia.

La verdadera libertad no consiste en reprimir el deseo, sino en permitir que Dios lo transforme y lo dirija hacia lo que realmente nos satisface. En Cristo, nuestros anhelos encuentran propósito, dirección y plenitud; todo lo que buscábamos finalmente cobra sentido.

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